En la eternidad

Crónicas de una vida en Midgard

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Yo quisiera ser civilizado, como los animales.

Posted by Jesu en abril 3, 2007

Un cachorro trata de defender el cadáver de su madre, que había sido estrangulada

 

Un perro de menos de dos meses defendía el cadáver de su madre, tendido en medio de un camino en el término municipal de Valcabado, a cinco kilómetros de la ciudad de Zamora.

Noemi se encontró con esta escena “extremadamente dramática” el pasado jueves cuando se dirigió a la zona tras el aviso de un amigo, que le dijo que había una perra ahorcada en ese camino.

La madre, que aparentemente llevaba un día muerta, tenía visos de haber sido estrangulada y su cachorro gruñía a las personas que se le acercaban, intentando incluso atacarles.

“He visto cosas más dantescas que ésta, pero no tan profundas” afirmaba Noemi a 20 minutos, que recuerda cómo, tras separar con cierta dificultad al cachorro de su madre muerta, ladraba en sus brazos con unos “alaridos que aún me retumban”.

Por el momento no han puesto denuncia, aunque “tampoco lo descartamos”, asevera, y reconoce que han examinado la opción de tomar medidas “a través del Ayuntamiento”.

“En un principio valoramos la idea de denunciarlo, luego pensamos que sería imposible encontrar al responsable y al final consideramos que lo mejor es difundir la información”, asegura.

Difundiéndolo, espera “que sirva para que la gente se dé cuenta de que estas cosas pasan y no nos las inventamos” concluye Noemi.

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Baloncesto.

Posted by Jesu en marzo 30, 2007

 

Soy un gran aficionado al deporte. Siempre he sido un tío sanote, que desde los 12 años no ha parado de hacer deporte. Fui campeón de voleyball con 15 años militando en el equipo más importante de la provincia, sobresalía en los exámenes de Educación Física y he heredado de mi padre cierta facilidad (a veces pasmosa, os lo prometo) para aprender a defenderme en cualquier deporte en muy poco tiempo.

Si algo me ha diferenciado a mi y a mis compañeros de fatigas del resto de nuestra generación escolar, ha sido que teníamos otros intereses. Ya sabéis que adoro la música y que progreso para convertirme en un auténtico cinéfilo, pero creo recordar que nunca comenté el amor que le tengo al deporte. Gracias a él, conseguí pasar a salvo la difícil etapa de la adolescencia, ya que nunca me llamaron la atención las drogas ni caí en el botellón, porque por las tardes después de clase tenía el tiempo justo para estudiar y para irme a entrenar. Haciendo memoria, creo que desde los 14 años, cumplo a rajatabla las dos horas diarias como mínimo, descansando un día a la semana.

 Me ayudó a relajarme con los exámenes, a crecer fuerte y sano y a encontrar otra seña de identidad (aparte de mis conocidas por todos camisetas de bandas musicales y mi conciencia abierta de izquierdas), y jamás podré agradecerle lo suficientemente a mi padre que desde muy pequeño me llevara con él a darle patadas a una pelota, o que no me dejara quedarme en casa viendo la tele o jugando a los videojuegos. También gracias a esto nunca me ha dado fuerte la fiebre de Internet, entre otras cosas porque no tengo tiempo.

Pero bueno, ahora me voy a centrar en el baloncesto, que es el título de este “relato” (por cierto, ahora mismo mientras escribo está sonando el Disintegration de The Cure, ala, ya quedó constancia de la música). Cuando era pequeño, mi mejor amigo era Félix, un chico con el que pasé toda mi infancia y prácticamente toda la adolescencia, hasta que circunstancias varias hicieron que desde hace casi 3 años, nos distanciáramos casi totalmente. Pues bueno, los dos nos pasábamos horas y horas desde que cumplimos los 13 años jugando al baloncesto, jugando a ver quien metía la canasta más inverosímil, haciendo el payaso en general, y casi sin darnos cuenta,  cada vez jugábamos un poco mejor.

Siempre que no había mucho que estudiar, acudíamos con nuestra vieja pelota de baloncesto y estábamos desde las 5 de la tarde hasta que se hacía de noche en el patio del colegio, y poco a poco se fueron sumando más amigos, a saber: Quique, Pablo, Johny… muchos. Horas de deporte y de risas, muchas. Y así pasaron los años, llegó el Bachillerato, y todavía seguíamos jugando y ya por entonces, aunque no pudiera venir nadie, yo iba sólo con mi balón a echarme unas canastas, sobre todo cuando necesitaba pensar, y el deporte me ayudaba muchísimo a despejarme o cuando quería estar sólo. El amor por el deporte me diferenciaba del “resto del corral”, y todos buscamos nuestra individualización, así que yo la encontré pronto.

Y cuando llegué a la facultad, empecé a jugar con más gente, y me trasladé al patio de otro instituto, cuya verja está abierta, y se ha convertido de manera no oficial, en la pista de los que disfrutamos del basket callejero en Cádiz. Pablo, Manolo, Leandro, Jose, “Rodman”, “Jordan”… Hoy día ya tenemos montado un grupo fijo, más los que nos “retan”, de manera que es imposible pasar por ese instituto y no escuchar algún bote de una pelota de baloncesto.

Para mi, el deporte es terapéutico (joder, qué buena es Fascination Street), y en estos últimos 3 años, no he parado de ir a jugar, ya no sólo por gusto, sino cada vez que tengo un problema, mi manera de afrontarlo y de hacer que no me hunda, es entrenarme duro. Llegar castigado físicamente a casa hace que sólo tengas ganas de cenar y dormir, y cuando llevas así un tiempo, cuando no te quieres dar cuenta de pronto ya ha pasado mucho tiempo de el problema y ya ni te acuerdas.

Hay para mi un acto de “purificación” en el deporte. Cuando sudo y me ejercito, aparte de que estoy hecho un toro, cuando la bola entra en la cesta, por muy mal que estén las cosas, sonrío, además sin darme cuenta, como lo hacía Jordan, con cierto gesto picaresco que mucha gente cuando juega contra mí lo confunde con prepotencia, pero no, es felicidad. Y es que el deporte, y en concreto el baloncesto, tiene mucha culpa de mi felicidad, y de como soy. Disciplinado, sacrificado y con un elevado concepto de la amistad.

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Escalera hacia… ¿dónde?

Posted by Jesu en marzo 17, 2007

Una de las cosas que más me hacen pensar son las decisiones, y hacia dónde nos llevan estas. Si miramos atrás y tratamos de recordar, seguro que localizamos más de diez decisiones que nos llevaron a  lugares o situaciones donde no teníamos claro que debíamos estar. La fascinación que nos produce el mito de la máquina del tiempo siempre ha venido de la interrogante ¿Y si…? Refiriéndose siempre ésta a que siempre pensamos que en determinado momento podríamos haber elegido otra opción, y comprobar así si nos equivocamos en su día, o si acertamos de pleno.

Pero las personas, tan débiles que somos en muchos aspectos, también tenemos la maravillosa cualidad de la superación (aunque algunos parece que la tienen atenuada, pero la tienen) y de poder acatar nuestras necesidades con fuerza, y si nos caemos, nos levantamos, aunque sepamos que ya no vamos a poder volver al punto de partida. Pero a veces no estaría mal volver atrás y cambiar algo… ¿o no?

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El Rock es caritativo.

Posted by Jesu en marzo 16, 2007

Diseñada por Bono, es tan sólo una de las varias guitarras que se subastan para caridad en esta web, entre las que encontramos trabajos de Ronnie Wood (modelo realmente precioso, con Jimi Hendrix plasmado en la guitarra), Graham Coxon, Bryan Adams o Peter Buck. He querido destacar la de Bono porque me parece que tiene un diseño precioso, con los dibujos que hizo para ilustrar el famoso cuento “Pedro y el lobo”. Ojalá pudiera permitirmelas.

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Recordando cómo solíamos ser…

Posted by Jesu en marzo 14, 2007

Una de las canciones más bonitas de The Cure, que trata un tema que a todos nos llega muy dentro: el transcurso del tiempo, la gente y las cosas que dejamos atrás a su paso y el deseo de no haberlas perdido. A mi me trae recuerdos de mis quince años, de mi primera chica (¿que será de ella?) y de un verano tan maravilloso que todos los días pedía que no acabara nunca. Hace ya ocho años, y cuando lo pienso parece que fue ayer.

Han pasado tres años de la última relación seria que tuve con una chica (¿ya? ¿tres años?), por el camino, como todo hijo de vecino, muchas tonterías y sexo sin compromiso. Pero hay tardes cuando me quedo pensativo que las extraño. Sí, en plural, porque todas tenían algo distinto que yo necesitaba en ese momento, fuera una alegría incontenible, una timidez adorable o una mirada embriagadora. La última que me llegó profundamente fue hace un año, y daba una sensación de estar indefensa que me hacía querer protegerla siempre, y durante un tiempo lo conseguí, aunque sólo fuera unos meses y todo se fuera al infierno por circunstancias que no contaré hoy.

Sigo conservando algunos viejos amigos, en la facultad he conocido a gente que ya considero como hermanos y hermanas, pero a veces me pongo a recordar aquella enorme pandilla de mi adolescencia. Parecía imposible que nos pusiéramos de acuerdo tanta gente para quedar todos los fines de semana, éramos tanta gente que podíamos jugar un partido de fútbol perfectamente entre nosotros, y con algo de público incluso. Aquella unidad no podía durar, pero entonces no lo sabíamos, y cada noche, cada tarde, cada mañana que estábamos juntos nos daba la sensación de que éramos invencibles y que nada nos podía dañar si permanecíamos juntos.

Por supuesto, al final se acabó, llegaron los estudios, las novias, el fin del verano y varias circunstancias que provocaron que poco a poco la gente se fuera bajando del carro. Creo que yo nunca quise bajarme, y me aferré fuerte e intenté mantener el castillo en pie, pero estaba hecho de naipes, y al final se me derrumbó encima. Y cuando me dí cuenta, nosotros, que habíamos sido amigos hasta la muerte, que nos protegimos entre nosotros en todo momento, habíamos tomado caminos distintos en la vida, y ya nada volvería a ser lo mismo. Por supuesto, conforme vamos madurando aparecen nuevos alicientes, pero me temo que nada como esa época.

 Y hoy, me siento un poco como dice el final de la canción de The Cure:

“Pero ahora el Sol brilla frío,
y todo el cielo es gris…
Las estrellas están atenuadas por nubes y lágrimas
y todo lo que deseo ha desaparecido”

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Robert Plant – Fate Of Nations

Posted by Jesu en marzo 10, 2007

Disfruten de un discazo no muy conocido.

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La playa y yo.

Posted by Jesu en marzo 10, 2007

A veces me asfixio en la ciudad (y eso que Cádiz es una islita, prácticamente), me agobio entre las calles o puede ser que se deba a algún problema de tipo personal (a mi edad, lo normal es que se trate de mujeres). Así que cuando tengo ganas de estar sólo y de perderme en mis pensamientos, bajo a “mi playa” y doy un largo paseo, siempre con música en mis oídos, trasladándome a todos los momentos de mi vida gracias a las canciones que escucho y que llevan años conmigo y dejándome llevar por el siempre maravilloso paisale que nos da la costa.

Para mí, bañista empedernido, que prueba el mar durante todo el año, a veces un chapuzón representa una suerte de redención, el frío que siente el cuerpo al salir del mar en pleno febrero o diciembre se alivia con los rayos del sol que golpean en tu cuerpo, mientras sigue la música.

Y cuando vuelves a poner un pie en la urbe, quizás tus problemas no se hayan ido, pero los has apartado durante un rato, y eso ayuda a purificarte un poco, y en mi caso, a afrontar la vida de manera más tranquila y sobre todo, de forma más optimista, igual que el sol calienta mi cuerpo, también alegra mi alma.

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Delphi NO PUEDE cerrarse

Posted by Jesu en marzo 2, 2007

 El pan de 4000 familias de la provincia de Cádiz está en juego, y como veo que nadie se ha hecho eco de lo que ha pasado (quizás porque ha pasado precisamente en Cádiz, veríamos que hubiera pasado de haberse producido en Cataluña o Madrid), lo hago yo, repulsión total hacia una empresa que se ha saltado a la torera todos los pasos legales para un cierre patronal, (aviso con antelación, consulta a los representantes, informe al comité de empresa, elaboración de un plan social y un largo etc…) clausurando la empresa sencillamente de un dia para otro, dejando a trabajadores en la calle, muchos de ellos con más de 20 años en la empresa y que superan la cuarentena y han sido dejados de la mano de Dios.

En la enorme manifestación de ayer (se está calculando que como mínimo había 50.000 personas), compañeros catalanes, maños, e incluso británicos se unieron a nuestras voces, paralizamos ayer una ciudad, siempre bajo el respeto y sin provocar ningún altercado, que es lo que desearían los empresarios para tener vía libre.

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Ben Harper – The Will To Live

Posted by Jesu en febrero 23, 2007

 

Disco para días reflexivos. Ben Harper es uno de los cantantes más personales que nos ha dado la música en los últimos 15 años. Con una música acústica, con relampagueos eléctricos y una voz sincera y profunda, alabada por el gran Eddie Vedder, reconocido admirador.

Siempre concienciado socialmente, sus letras nos hablan de injusticias, de paz, de intentar construir otro mundo, de espiritualidad. Todos estos temas cantados magistralmente gracias a una voz con reminiscencias de Sam Cooke y Curtis Mayfield que hace que se nos meta en el alma y sobre todo, su innovadora forma de tocar la guitarra, que es única, fruto también de su idea de cruzar una Les Paul con una Wissenborn, lo que le da cuerpo al sonido que nos transmite a través de las cuerdas.

Mientras otro compatriota (Lenny Kravitz) se llevaba el éxito, parece que Ben Harper se llevó toda la calidad y la innovación, a lo largo de los doce temas que componen el álbum, encontramos mil tendencias, desde la balada acústica deudora de Dylan hasta el riff guitarrero influenciado por Pink Floyd o la emotividad desgarradora de Jeff Buckley, es este un disco para degustarlo tranquilo, solo y a ser posible, a oscuras, porque es uno de esos trabajos que raramente salen que hacen que te transportes de verdad (ojo a las fenomenales secciones de viento incluidas en algún tema) y que te concilies con el panorama musical actual, en el que aunque está la cosa muy mala, por lo menos las pocas joyas que salen (como este disco), relucen, y mucho, con luz propia. Bravo por Ben.

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David Bowie – Ziggy Stardust And The Spiders From Mars

Posted by Jesu en febrero 20, 2007

 La autoparodia rockera y sus cuasi-infinitas posibilidades de evolución. De ensimismamiento en una espiral invertida para, de inmediato, estallar fructuosamente en una grandeza anticipada.

Lección de sabiduría ya larvada en los inicios de la rock-music, pero cuyas más recientes -e inteligentes- apoteosis el reciclaje entre sarcástico e infatuado de Paul Hewson, Bono Vox, y sus U2 a comienzos de los noventa, con ” Achtung Baby y sus secuelas) son impensables sin cierto eslabón perdido, de nombre real David Robert Jones, quien probablemente la descubriese hace (¡ya!) treinta años con la creación de un perfecto -y peligroso…- alter ego, de nombre: Ziggy Stardust.

Con el personaje de Ziggy Stardust, Bowie anhelaba para sí mismo un futuro de superestrella. El disco del mismo título fue compuesto por un Bowie aspirante a estrella del rock disfrazado de una de esas estrellas de éxito masivo. Esa hábil mentira lo ha convertido en el primer disco de rock pos-moderno. Sus canciones hablan de distintas facetas de la historia del rock y, al mismo tiempo, cantan a un futuro de intervencionismo extraterrestre y seres andróginos en una era espacial. Lo real y lo imaginario llegarían a fundirse para conducir a Bowie a algo parecido a un suicidio artístico entre 1974 y 1976, tal y como aventuraba su canción “Rock’N’Roll Suicide”, una profecía que casi se cumple y que fue esquivada por muy poco.

La difícil relación entre autenticidad y artificio ha sido uno de los temas constantes en la música de David Bowie. Para Ziggy Stardust, Bowie utilizó la experiencia del encuentro con uno de sus ídolos, Lou Reed, en los camerinos después de un concierto en 1970 de The Velvet Underground. Estuvo conversando con él durante media hora sobre una de sus canciones, “Waiting For The Man”, y, cuando lo comentó con un amigo, éste le descubrió que, en realidad, con quien había hablado era Doug Yule, el sustituto de Lou Reed en The Velvet Underground, al que se parecía bastante. Sorprendido, Bowie empezó a calibrar el significado de su error.

El segundo modelo del que tomó la inspiración para el personaje de Ziggy Stardust fue Vince Taylor, también llamado el “Elvis francés”. Este americano, expatriado en Francia, perdió los papeles un buen día por culpa de las drogas, despidiendo a su banda en el escenario y gritando que él era “el Mesías” que traía la palabra de Dios. Aquella imagen de Taylor suicidándose artísticamente ante su audiencia le dio a Bowie la referencia que le faltaba para componer canciones sobre la arquetípica estrella del rock condenada por un estrellato que se ha vuelto demasiado grande para un simple mortal.

Su descubrimiento de que el falso, el artificial, podía ser más verdadero que el original, el auténtico, fue lo que dio alas al mito de Ziggy Stardust. Así que sus diversas encarnaciones como David Bowie, Ziggy Stardust, Aladdin Sane o Thin White Duke fueron vendiéndonos sucesivamente sueños de fraudes pop en los que nunca se podía estar seguro de si eran reales o nada más que una deliberada falsificación, diseñada para epatar y desorientar. Después de años de estrellas de rock a la moda cantando sobre su honradez y sus sentimientos auténticos, la postura de Bowie en 1972 fue profundamente liberadora.

Ziggy Stardust permitió que una generación viviera el sueño de la celebridad rock. Sin Ziggy Stardust y los primeros discos de Bowie en los 70 probablemente no hubiera existido nunca el punk, los nuevos románticos, el britpop, o Marilyn Manson o, cuando menos, hubieran sido muy distintos. De hecho, sin aquel disco gran parte de la música pop hubiera sido impensable, inimaginable. Lo que Ziggy Stardust ofrecía era la fantasía de formar parte de un grupo de rock; ése era el sitio en el que estar, ése era el planeta, ése era el otro lugar. Bowie dijo en una ocasión que el siglo XXI empezó en 1972. Puede que no anduviera muy descaminado.
 

¿Tengo que decir que es un disco imprescindible en la música y que debe ser comprado por los que se consideren verdaderos amantes de este arte?

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