
Disco para días reflexivos. Ben Harper es uno de los cantantes más personales que nos ha dado la música en los últimos 15 años. Con una música acústica, con relampagueos eléctricos y una voz sincera y profunda, alabada por el gran Eddie Vedder, reconocido admirador.
Siempre concienciado socialmente, sus letras nos hablan de injusticias, de paz, de intentar construir otro mundo, de espiritualidad. Todos estos temas cantados magistralmente gracias a una voz con reminiscencias de Sam Cooke y Curtis Mayfield que hace que se nos meta en el alma y sobre todo, su innovadora forma de tocar la guitarra, que es única, fruto también de su idea de cruzar una Les Paul con una Wissenborn, lo que le da cuerpo al sonido que nos transmite a través de las cuerdas.
Mientras otro compatriota (Lenny Kravitz) se llevaba el éxito, parece que Ben Harper se llevó toda la calidad y la innovación, a lo largo de los doce temas que componen el álbum, encontramos mil tendencias, desde la balada acústica deudora de Dylan hasta el riff guitarrero influenciado por Pink Floyd o la emotividad desgarradora de Jeff Buckley, es este un disco para degustarlo tranquilo, solo y a ser posible, a oscuras, porque es uno de esos trabajos que raramente salen que hacen que te transportes de verdad (ojo a las fenomenales secciones de viento incluidas en algún tema) y que te concilies con el panorama musical actual, en el que aunque está la cosa muy mala, por lo menos las pocas joyas que salen (como este disco), relucen, y mucho, con luz propia. Bravo por Ben.