
Ayer soñé que volvía a tener quince años. Me trasladé al verano de mis quince años. Uno de los mejores veranos de mi vida, incluso diría que el mejor. En ese verano me enamoré por primera vez, fue entonces cuando empecé a relacionarme con mucha gente de fuera de mi colegio (hasta entonces, todos mis amigos eran de mi clase, o como mucho, de mi curso), y empecé a terminar de formar mi personalidad, y sobre todo, di un gran paso en mi proceso de madurez.
En el sueño, volvía a caminar por el paseo marítimo de la mano de mi primera novia (donde andará…), con la luna llena en el cielo y mi pandilla de entonces rodeándonos, riéndonos y pasandolo bien. La vida, efectivamente, era más fácil, era mi último verano antes de entrar en el instituto y poco a poco, afrontaba nuevas experiencias.
En el sueño estaba muy feliz, tanto, que cuando me desperté y volví a ser consciente de que ya soy un universitario, que hace años que dejé de tratar con la pandilla, que aquella novia hoy día está muy lejos, y que sólo me quedan recuerdos de aquella época, me sentí un poco triste, melancólico podríamos decir.
Pero una vez te levantas, y abres la ventana y el Sol te inunda con su luz, te das cuenta que todavía quedan muchas cosas por vivir. Y que queda mucha felicidad por ser disfrutada. Pero… qué bonita fue esa época.