En la eternidad

Crónicas de una vida en Midgard

Archivo de 18/08/05

Charlie y la Fábrica de chocolate

Publicado por Jesu en Agosto 18, 2005

 

Lo ha vuelto a conseguir. Tim Burton llega de nuevo a las pantallas y lo hace no sólo con una película, sino con pura magia. Tras dos títulos un tanto “extraños” y diferentes a lo que nos tiene acostumbrados (la olvidable El Planeta de los Simios y la dramática pero magistral Big Fish), el director de Bitelchús y Eduardo Manostijeras vuelve a lo que mejor se le da: el mundo del outsider, del marginado, de ese personaje un tanto esperpéntico que se sale de lo normal. E incluso lo hace contando con el que sin duda es su actor fetiche, el cada vez más y mejor valorado Johnny Depp.

Como tantos otros títulos de la filmografía de Burton, esta película es la adaptación de una novela fabulosa (o quizá mejor fantabulosa), y esta es Charlie y la Fábrica de Chocolate, de Roald Dahl, conocido autor británico de cuentos infantiles y relatos fantásticos que todos hemos leído alguna vez y que han contado con numerosas adaptaciones cinematográficas (ahí tenemos a Matilda, Las Brujas o James y el Melocotón Gigante, con la producción de -precisamente- Burton). Es más, esta misma novela ya había contado con su versión para la gran pantalla, realizada en 1971 por Mel Stuart bajo el título Un Mundo de Fantasía y con el protagonismo de Gene Wilder. Una cinta que no contó con el beneplácito del autor y que seguramente todos recordamos como mejor de lo que es (porque ya se sabe cómo son las memorias infantiles).

La película así apela a ese niño que todos tenemos dentro, pero siendo mucho más políticamente incorrecta que su predecesora (a la que no mira en ningún momento), y a la vez más fiel al espíritu de Dahl. Se mantienen los hechos de la novela, con todo lo bueno (la fantasía, el sentido del humor con toques algo macabros) y todo lo malo (su melosidad) que aquello conlleva y del mismo modo se le añade una nueva subtrama, la de la infancia de Willy Wonka con su padre dentista (interpretado por el gran Christopher Lee), buscando dar mayor profesionalidad al personaje.

Y es que si Charlie y la Fábrica de Chocolate se sustenta en algo, esto es la interpretación de Johnny Depp, que se encuentra en estado de gracia tras sus dos nominaciones al Oscar como actor principal (en Los Piratas del Caribe y Descubriendo Nunca Jamás). Son muchos los que dicen que quizá su interpretación de Willy Wonka le proporcione una tercera nominación, y la verdad es que sería merecida. Él ES Willy Wonka. Su manera de moverse, de hablar, sus gestos,… Todo al servicio de un personaje que en el fondo está lleno de dudas, contradicciones e inseguridades.

Junto a él está Freddie Highmore, cuya presencia en la película debemos al mismo Depp y a Kate Winslet, quienes trabajaron con él en la ya mencionada Descubriendo Nunca Jamás, y que interpreta al Charlie perfecto, un niño lleno de alegría y dulce ignorancia que se encuentra ante una situación soñada e inesperada. Un diez para él. E igualmente para los demás secundarios, empezando por el abuelo de Cjarlie, un personaje totalmente delicioso (al igual que los demás abuelos), sus padres (Noah Taylor y Helena Bonham Carter, mujer del director y por lo tanto rostro habitual en sus últimos títulos), los demás niños o las ardillas (porque sí, son de verdad).

Visualmente, la película es intachable, y nos devuelve al mejor Burton. Nos encontramos ante dos unidades estéticas: la primera corresponde al primer tramo del film, la presentación de Charlie y su familia, y en ella predominan las sombras, las tonalidades apagadas, las formas de corte expresionista y la nieve. La segunda es la que tiene como protagonista a la famosa fábrica de chocolate, y allí todo es puro neo-kitsch y colorido. Rosas, amarillos, verdes, azules,… todos chillones, todos muy saturados, unidos a un diseño de producción que cuida hasta el último detalle y que convierte al film en una explosión de imaginación que casi marea. Un auténtico goce visual.

Otro elemento clave en la obra del director, tanto como lo pueda ser la imaginería, es la banda sonora, que en este caso y como en toda su filomografía está compuesta por Danny Elfman, que nos presenta una partitura con ecos a aquella que compuso para Bitelchús, con la leve introducción de algún que otro sintetizador retro y de varias canciones interpretadas por él mismo (cosa que ya hizo en Pesadilla Antes de Navidad, pero que en la película están en boca de los Oompa Loompas, unos pequeños personajes vestidos de plásticos fluorescente y que protagonizan estos números musicales que son sin duda una de las cosas más divertidas del film. Y por cierto, Oompa Loompa en realidad sólo hay uno: Deep Roy, un actor multiplicado digitalmente (a pesar de que la película intente huir de la tecnología creando por ejemplo todos los decorados de forma artesanal).

Así, Charlie y la Fábrica de Chocolate se convierte en una golosina más que apta para el paladar veraniego, que a estas alturas estivales probablemente esté cansado de productos de grandes presupuestos y dudosa calidad que además no saben a nada. Y encima tiene guiños cinematográficos. Y chistes de canibalismo. ¿Se puede pedir algo más?

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Ryan Adams – Love Is Hell

Publicado por Jesu en Agosto 18, 2005

Love Is Hell iba a ser el sucesor de su disco Gold (2001), no como la colección de demos que fue Demolition (2002). Gran fan de The Smiths como es, Ryan hizo equipo con John Porter (el hombre que produjo The Smiths, Meat Is Murder y parte del The Queen Is Dead con la intención de crear un disco con la emotividad y la melancolía de estos discos.Lost Highway, como discográfica americana que es, rechazó esta propuesta melancólica y de música triste que les puso Ryan sobre la mesa y no lanzó el disco, argumentando que nuestro amigo podía hacerlo mucho mejor, y animándole a hacer un nuevo disco que gustara a la casa discográfica. Así que Ryan hizo lo que mejor se le da: hacer música, así que para contentar a la discográfica sacó el también fabuloso Rock N Roll y convirtió Love Is Hell en dos EPs, el primero salió a la calle el mismo día que el oficial Rock N Roll y el segunod un mes después. 5 meses después, congregó los dos EPs en un único Love is Hell, que contenía estos dos EPs más “Anybody Wanna Take Me Home” del Rock N Roll, como siempre cuando estamos hablando de este pequeño genio irascible, esto enfadó muchísimo a sus seguidores que habían comprado los dos EPs por separado.

Rock N Roll y Love Is Hell son dos caras de la misma moneda, cada uno está echo para rendirle homenaje a un genero musical, ambos discos están diseñados para mostrar la maestría versatilidad de Ryan.

Love Is Hell es una obra maestra en producción y composición, y no sólo homenajea a The Smiths, sino que es capaz de filtrarse por Jeff Buckley y los Radiohead primerizos de The Bends.

Capaz de lanzarnos un ataque frontal con el primer corte Political Scientist dejándonos claro que tiene uno de las voces con más potencia y con mejor falsete que han salido en dos décadas, pasando por la maravillosa y tremendamente superior versión de Wonderwall de Oasis, haciendo que una canción ya desfasada tome una forma y un fondo totalmente distintos, Adams también respira Bob Dylan en English Girls Approximately y no olvidar la canción que cierra el disco (o el segundo EP) Hotel Chelsea Nights con su arrebatadora melodía a lo Purple Rain.

Un disco para paladear canción a canción, en una de esas noches de invierno lluviosas donde la melancolía te produce un regusto amargo de felicidad. Una auténtica obra maestra.

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Prince

Publicado por Jesu en Agosto 18, 2005

El genio de Minneapolis lo llaman, y no es de extrañar. Estamos hablando de uno de los músicos con más talentos de la historia y que el que más reacciones contrapuestas provoca (si, si, comparándolas, las reacciones que provoca Marilyn Manson son risibles).

Prince nacido con el nombre de Prince Roger Nelson (Minneapolis, EE UU, 1958) Cantante y compositor estadounidense. Fue el gran renovador de la música negra de su país durante la década de 1980, con grabaciones tan famosas como Purple rain (1984) y Sign ‘O’ the times (1987), en las cuales combinó el funk con la psicodelia y el pop. Músico autodidacto, adquirió gran popularidad gracias a su imagen provocativa y fantasiosa. Ha publicado diversos trabajos bajo los seudónimos de Jaime Starr, Joey Coco, Christopher y Love Symbol, si bien este último se debió en parte a problemas contractuales que le decidieron a dejar de utilizar el nombre de Prince y provocaron que su disco The black album, que estaba listo para salir al mercado, fuese vetado por su casa discográfica y se distribuyera únicamente en edición pirata. Otras obras destacables de su discografía han sido Lovesexy (1988), Batman (1989), banda sonora del filme homónimo, o Diamonds and pearls (1991). A mediados de los noventa abandonó su conocido seudónimo e insistió en ser conocido con el apelativo único de «The Artist».

En 1991 colaboró en la composición de algunas canciones para el álbum Martika’s Kitchen de la cantante Martika. Al año siguiente vino su album conocido como “Symbol” que ya adelantaria su cmbio de nombre (Prince) por el de un símbolo rara fusión entre el masculino y el femenino. Esto ocurrió en 1992, de este album caben destacar la canción “My name is Prince” (canción premonitoria a la postre en la que ya anunciaba que volvería a ponerse el nombre de Prince como hizo a partir del 2003 cuando finalizó su contrato legal con la Warner Bros.

Después apareció el discorecopilatorio de sus 15 años de carrera “The Hits (1993). Más tarde vinieron “Come” (1994), “The Gold Experience (1995)”, “Chaos and Disorder (1996)” en el que fuera quizás su disco más rock hasta la fecha si bien carecía de la inspiración compositiva de otras incursiones suyas en este género. Ese mismo año lanzó el sólido triple album “Emancipation (1996)”, fuera de la órbita de la Warner que al parecer no le permitía sacar todo el material que Prince producía, con la consabida rebelión del músico que por las fechas salía en todas sus apariciones públicas con la palabra “esclavo”. Este disco lo sacó mediante una acuerdo con EMI y para ser un triple se comporto realmente bien en las listas de ventas con singles como “Betcha by Golly Wow!”, “The Holy River” o “Emancipation”.

A partir de 1997, Prince sufrió una serie de boicots por parte de Warner que en venganza por el desplante propinado por Prince en su contrato que duraba hasta el 2001, presionó a las compañías con las que Prince intentaba llegar a acuerdos puntuales y no de “esclavitud” como el los llamaba.

Así presionó a la cadena MTV para que no editara le editara un disco acústico con sus grandes éxitos, presionó para que no se pudiera estrenar una obra de ballet que estaba preparando Prince para el mayor teatro de Nueva York y otra serie de eventos. La empresa ganó esas batallas y Prince se vio obligado a vivir de conciertos (bastante grandes eso sí, siempre rondando los 15.000 espectadores) y de las ventas de sus fans más acerrimos.

Todo ello unido a la muerte de su hijo que tuvo con su ex-esposa Mayte García (bailarina y cantante), que se produjo a los pocos días de nacer, hicieron que Prince se derrumbara y se metiera en una gran depresión de la que necesito ayuda médica para salir. En este contexto alejado de las listas de éxito y del reconocimiento público (los críticos alentados por la Warner para que ningún músico más tomara ejemplo de Prince a la hora de intentar tomar el control sobre su obra, se cebaron con él en esa época y obviaron toda la realidad que había detrás del alejamiento de Prince de los medios de comunicación de masas, diciendo cosas como que estaba “muero” artísticamente y que había perdido todo su genio).

Finalmente, en ese contexto sacó el “Crystal Ball (1997)”, el “New Power Soul (1998)”, el maravilloso y monumental “The Rainbow Children (2001)”, album que fue aclamado por la comunidad de músicos e instrumentistas por lo sabio de la mezcla de estilos y la producción rica en texturas del disco, que era una obra conceptual a modo de rock sinfónico de los ‘70 con grupos como Genesis o King Crimson pero con un sonido jazz-soul-rock.

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